domingo, 1 de febrero de 2026

5.1 La Autoestima

 

La personalidad del individuo, es el reflejo de su autoestima que se forma desde su niñez y que va en desarrollo continuo, hasta la adultez. La personalidad se va desarrollando dependiendo de la crianza de los padres y el medio que la rodea. Además está influido por la internalización de los juicios que los demás manifiesten con respecto a las habilidades y comportamiento del niño y las conclusiones que él se forma, acerca de sus habilidades y capacidades, alrededor de los 5 a 6 años de edad.


La autoestima se deriva de los sentimientos de inferioridad y de sobrevaloración, las aspiraciones, la capacidad para tomar decisiones, capacidad para asumir riesgos, en fin el valor que la persona se asigna a sí mismo. Es la forma en que un individuo se percibe en sí mismo de manera global, influenciada por una serie de condiciones o situaciones económicas, sociales y culturales.


El amor, el respeto y el reconocimiento de los valores es el mejor regalo que se puede hacer a un niño en formación, a nivel familiar, amistades y escuela. Los mensajes positivos, el valorar sus actividades y actos de su vida social, intrafamiliar o en sus interacciones con sus amigos, tienden a formar una personalidad segura. Esto es determinante para lograr una autoestima con equilibrio, ajustada a las normas sociales.


El amor, el respeto y el reconocimiento son el triángulo de la autoestima. Este triángulo prepara a los niños a auto quererse, a valorarse a sí mismos. Esta es una emoción que depende de los padres, del contexto familiar y amistoso, de los mensajes positivos que les den, sus halagos, y la forma, tono, y continuidad de los mismos es determinante, sobre todo al comienzo y término de la niñez.


Ahora bien, los que fomentan la baja o muy alta autoestima, pecan en el intento. La primera –la baja autoestima-, se sienten importantes solo con el uso de sustancias psicotrópicas o el alcohol o en una actividad antisocial; los segundos –los de muy alta autoestima-, por el contrario, son extravagantes en sus exigencias de los derechos y deberes que le impone la sociedad a la que está circunscrita; éstos se creen superiores a las demás personas, con ello se hacen mucho daño. Hay que fomentar en los niños la buena educación e higiene mental, en un ambiente sano y la manera correcta del valor de la vida en sí mismos.


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